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Miguel Brieva
La historieta y el Mercado de valores
[entrevista]
Carlos Reyes G. y Rodrigo Salinas M.
El trabajo del español Miguel Brieva es fascinante, revulsivo y capaz de hacerte desternillar de la risa. Es como una suerte de Jonathan Swift o Ambrose Bierce en su veta más ácida. Sus dibujos son como puertas a un mundo tan fascinante como un capítulo de Twilight Zone y tan despiadado como un grupo de neoliberales disputándose una concesión millonaria.
Sus libros están llenos de textos ingeniosos que odias no haber escrito tú, simples y directos como los tiros de una uzi al centro del libremercado y de la estolidez endémica. “Empecé desde niño muy influido por Carlos Giménez –nos cuenta el propio Brieva– haciendo tebeos desde los 13 ó 14 años, porque era un aficionado de toda la vida. Fui estudiante de bellas artes, pero tampoco fue muy trascendente eso. Y luego seguí dibujando ya más en serio desde hace muy poco, tres años a lo mejor”. La puta objetividad se va a la mierda, estamos absolutamente de acuerdo con él y su trabajo y porque secretamente, esperamos que ustedes también lo estén, cuando disfruten de sus páginas llenas de contenido espiritual y poética financiera.
LA FASCINANTE AUTOGESTIÓN
Suda Mery K: Todo tu trabajo es autogestionado cosa que acá en América Latina es muy difícil. Miguel Brieva: En España es igual de difícil. Lo que pasa es que he ido poco a poco. Primero en fanzines y luego pues, cuando he tenido más ahorrillos, lo he hecho ya en imprenta y eso te permite distribuir en librerías porque ahí no puedes llevar cosas en fotocopias. Lleva su tiempo el esfuerzo de la autogestión, pero desde luego es la mejor forma de llevar cosas adelante. Y por ahí me pierde el que me gusta hacer ediciones bonitas, no me gusta sólo el hecho de editar, sino que editarlo también de una manera hermosa, que quede bien. Me gustan los libros.
S: ¿Cómo has solucionado el problema de la distribución? M: No lo he solucionado. Coges una mochila, metes cincuenta libros, te vas a una librería, los convences y luego pasas al cabo de tres meses para ver lo que se ha vendido. Es todo. En el caso de mis últimos libros, un tipo de Barcelona que tiene una librería y una pequeña editorial se interesó por lo que yo hacía y el trato al que llegamos es que el ponía toda la pasta y yo hacía todo el trabajo editorial. Las ganancias se las lleva casi todas él, pero yo me quedo material y eso lo vendo por mi cuenta, o sea, el tema no está solucionado. Solucionarlo sería organizar, generar, junto a otra gente que hace ediciones, un colectivo que distribuyera eso, pero es que es muy complicado y el problema fundamental es que no llegas a las librerías generales y eso te limita mucho a la hora de distribuir.
S: ¿Trabajas siempre solo? M: Yo empecé trabajando con más gente y de hecho aún sigo colaborando en una revista de comics que se llama “Recto” que la hago con Paco Alcázar y Miguel Núñez. El resto de las cosas las hago yo solo. Los comics de “Dinero” los hago íntegramente yo. También edito cosas de otra gente. La editorial se llama Clismón. A mí me aburre la parte gestora de la edición, lo que me gusta es hacer libros bonitos y venderlos a precio razonable.
S: Tu trabajo se acerca un poco al comix underground norteamericano... M: Aparte de la influencias, es porque mi dibujo remite siempre a una estética norteamericana de los años 50, 60, sobre todo porque yo trabajo mucho inspirándome con material fotográfico de revistas antiguas. A la hora de querer forzar los estereotipos y la ironía y el efecto de la contrapublicidad, esas imágenes funcionan mucho. No sólo se me ha ocurrido a mí, es una cosa un poco generacional. Se observa en dibujantes norteamericanos, europeos. Incluso la publicidad está fagocitando mucho toda esa estética.
EL DIOS NEOLIBERAL
S: Pareciera haber dos constantes en tu producción: una crítica despiadada al dinero, al capitalismo y la presencia de Dios. M: Bueno, la revista que he hecho se llama “Dinero: Revista de Poética Financiera e Intercambio Espiritual”. Yo no he hecho más que recoger esa carga simbólica que tiene el dinero como elemento que permite las transacciones humanas por una parte y de otra, como un elemento sin control en la sociedad capitalista actual, convirtiéndose en un regidor principal de la vida humana. Es como una herramienta que hemos fabricado y que es útil y que de repente se nos escapa de las manos y se convierte en el elemento casi único de gestión de nuestras vidas, hasta el punto de que las fluctuaciones económicas del mercado se convierten en algo casi sobrehumano. El único valor universal reconocible por todos es, trágicamente, el dinero como si hubiéramos desistido de dar valor a todo lo demás. La propia política y la razón han quedado secuestradas por la sinrazón del dinero. Es una cuestión que está presente permanentemente en el trabajo que hago, en la misma medida en que está presente en los medios de comunicación y en nuestras vidas. Creo que es necesario que nos replantemos hasta qué punto nos estamos dejando arrastrar por algo que tiene todos los visos de conducirnos a un callejón sin salida. Esto exigiría no sólo de acciones políticas, sino fundamentalmente de una acción introspectiva. Y cuando hablo de dinero, hablo de consumo, que es una de sus manifestaciones primordiales y uno de los motores fundamentales de nuestro sistema económico. Puede haber gente que piense que realmente esto es así y tiene que ser así y no hay otra manera. Yo no soy de esa opinión. Debemos devolver el dinero y el mercado al lugar que les corresponde.
Sobre Dios, yo pienso que es el primer personaje literario de la historia, entonces me parece muy sugerente. En algunos dibujos es como un capitalista desalmado y en otros, un ser que está por encima de todo y que simplemente le da igual todo lo que pase. Me gusta como figura evocadora y como no existe, o no tenemos constancia de ello, está bien pensar o divagar sobre las posibilidades estéticas, líricas o humorísticas del personaje Dios. Y en el caso del dinero, todas mis revistas incitan a la reflexión mediante el sarcasmo, un poco exagerado, del mundo absurdo en que vivimos.
S: ¿Sientes que la gente captura ese sarcasmo? M: Sí, funciona, o sino, no me llamarían de periódicos importantes en España. Lo que pasa es que veo el riesgo de acabar en un amaneramiento de esta propia estética. Por eso ya he dejado de hacer la revista “Dinero” y ahora voy a hacer otras cosas para no agotar el filón.
EL ENIGMA DE MARCZ DOPLACIE
S: Como estudiante de Arte que ha desembocado en la historieta, se ve en tu trabajo que tienes una posición muy clara frente a ese tema. M: El arte me encanta, lo que pasa es que tengo una postura frente a la mercantilización, a la banalización estúpida del arte. Yo siempre fui un admirador de los cómics. Me metí en bellas artes y la mente se me llenó de pájaros y percibí de parte de muchos profesores una animadversión enorme hacia el cómic, como un desprecio. Y cuando acabé pensé: Y yo adonde voy pintando, adonde voy haciendo esculturas, a mí todo eso de las galerías, todo ese mundo me parece que no llega a nadie. Por pura pereza me puse a dibujar cuadernitos y cuando ya llevaba cuatro años haciéndolo, vi que tenía muchos dibujos y mis amigos me decían «joder, oye esto está bien, sácalo». Y me decidí a editar algo de este material, también porque disfruto mucho el hecho de hacer una edición.
S: Los catálogos... M: Exactamente, de hecho a mucha gente le importan más los catálogos que las exposiciones. En la facultad yo quería hacer toda una serie de catálogos sobre un artista inventado y sobre unas exposiciones que nunca se realizaron...
S: En los textos de tu libro “La vida, la muerte”, te ocultas bajo un pseudónimo... M: Ese personaje se llama Marcz Doplacié y os diré que el nombre surge de un profesor nefasto que tenía en la facultad y que nos obligó a hacer un trabajo dedicado a tres grabadores. Y yo no iba a exposiciones de grabado ni nada, bueno cómo género me interesa, pero tampoco hay tantas exposiciones interesantes. Entonces, inventé a los artistas, me lo inventé todo y me puso un notable. Ahí inventé a Marcz Doplacié que es este artista polaco y luego lo seguí desarrollando.
S: Otra cosa notable en tus libros es la relación que estableces entre la ilustración y los textos. M: Me gusta escribir bastante. Un tiempo me propuse llenar una página diaria con lo que fuera, escribiendo, dibujando, y al cabo de cinco años de repente te das cuenta que tienes un material inmenso. No todo es bueno, pero de ahí vas sacando. Y ya en esos cuadernos estaba esa combinación de dibujo y texto, que al fin y al cabo es lo que es el cómic, pero con una forma más poética. Cuando hice “Dinero” pensé en una revista que tratara con una ironía excesiva y cruel lo que pasa en el mundo, las cuestiones político sociales de manera desgarradora, pero con humor. Que hablara de las contradicciones e incluso de la sinrazón y la estupidez propias de nuestro mundo, y tal vez, de nuestra especie. Parece hacerlo de una manera un poco derrotista o cínica, pero no es en absoluto mi propósito. Si no todo lo contrario, tratar a través de la convulsión, de hacer reflexionar acerca de las cosas que conocemos e incitar a tomar una postura más decidida o más activa en nuestro encaramiento de la vida. Yo trabajo mucho con viñetas a página completa, al modo del humor gráfico tradicional, tal vez con la excepción de que tiene más texto y a veces un encabezado que presenta la imagen. Es como un híbrido entre lo que es la viñeta del humor gráfico de prensa, más pequeña y una historieta que comprende más texto. He apostado por este formato porque tal vez para determinadas reflexiones es necesario que haya más texto que en el humor gráfico convencional. La motivación primordial es tratar de incidir en las cuestiones más conflictivas de nuestra realidad política.
S: Al ver tus originales se ve que la impresión no hace honor a su calidad, pues tienen muchos grises y se desmiente lo que algunos pueden pensar respecto de que mucho de lo que haces es un montaje, porque todo lo dibujas... M: Yo dibujo con pincel y cuando los meto al ordenador, fuerzo los contrastes para que se edite en blanco y negro. Pero coges a cualquier dibujante y es así. En el original ves el trabajo, en la revista ves el resultado final.
¿EL FANZINE DEL FIN DEL MUNDO?
S: Tú trabajo es siempre muy crítico, pero en la página final de “Dinero” número 4 pones a un personaje diciendo: “Habiendo llegado a un estado tal de inconsciencia, mentira, vacío y egoísmo, tan sólo puedo pedirles (...) que frenen su inercia, que prescindan del coche (...) que se encierren en sus casas con sus amigos, con su amor, que permanezcan en silencio (...) y en menos de un mes, sin hacer mucho más, el mundo entero habrá cambiado... o cuando menos algo en ustedes...” M: Lo que pasa es que son estrategias...
S: ¿Estrategias de quién? ¿Quién está detrás de ti? ¿Dios? M: La CIA (risas) Yo hago esto para hacer reflexionar, aparte de que me divierto haciéndolo, que esa es la parte hedonista, egoísta mía, pero en un momento dado creo que otras acciones constructivas bien pueden ser complementarias. Por eso digo que ya he dejado de hacer esta revista porque he llegado a un tope en este registro.
S: Y es que la conclusión final de tu trabajo, que puede ser muy fuerte o muy ácido para muchos, es que tú quieres un mundo mejor. M: Qué sino me va a hacer dibujar tres años, poniendo en jaque todo, si no quiero un mundo mejor.
S: Pero hay gente que debe pensar que tú no crees en nada... M: Sí, de hecho pasa y les parece una actitud posmoderna, apocalíptica, cínica. Pero no, no es el caso. Yo creo que es bastante obvio. Sería como pensar que Kubrick hizo “La Naranja Mecánica” como un canto a la violencia y no como una crítica, pero hay gente que puede pensar lo que sea. Como la anécdota que nos contaba Thomas Dassance hace un rato... (1) La gente ve lo que quiere ver. Lo mío no es cinismo y sí, es verdad que yo me he encontrado con gentes haciendo ese tipo de lecturas que a mí me dejan un poco estupefacto y que me hacen replantearlo todo. Desde luego, es lo último que yo querría hacerle pensar a alguien... El individuo que piensa por sí mismo y que analiza la realidad, creo que es la posición más perdurable, es la que va a seguir contándole cosas a alguien dentro de dos siglos.
S: Es algo parecido a lo que le pasa en argentina a Sergio Langer. M: Claro, a Langer también. Hay que tener un poco de sutileza al ver y puedes entender qué es lo que está pretendiendo una persona forzando tanto... como lo que se hace en Chile con “La Momia Roja”. Pues, joder, yo creo que nadie se vaya a dedicar a hacer un fanzine alabando la destrucción del mundo.
S: ¿Como Marvel? M: (risas) Sí exacto, como Marvel que también hace una apología de los superhéroes y de la salvación.
(1) He aquí la anécdota referida: Un pintor ecuatoriano ha hecho una muestra de denuncia sobre los derechos de los trabajadores en su país. En una exposición se entera de que le han comprado uno de los cuadros que muestra a un capataz a caballo azotando a un trabajador. Se entera también que el comprador es uno de los grandes terratenientes de Ecuador y decide conocerlo y saber por qué ha comprado el cuadro. Se organiza una cena con el tipo, le pregunta y he ahí que el terrateniente le dice: “Porque estoy de acuerdo, a esos negros de mierda hay que tratarlos así”.