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El gran derrapador
[poesía]
Jorge Perednik
Poetarzan
mí ser poeta
mí respetar la lengua
que serme ajena
como lo propio
lengua, gran amiga
lengua, compañera
mí no saber qué es la lengua
pero quererla
lengua ser como el sol
mí no conocer el sol
conocer lo que nos hace
hombre blanco enseñarme a leer
y mí descubrir allí dicha:
cuando la selva de letras
tapar la selva de adentro
mí saber que poetarzan nunca quedarse sin selva
con la vegetación de los libros
por contagio de una fiebre poetarzan escribir
esta enfermedad ser alivio y este alivio
enfermedad que no permitir al enfermo curarse:
entre las cosas raras de la vida
una ser más rara que ninguna:
el que escribir del sol fabricar otro sol
el mundo tener más cosas de que ocuparse
pero las cosas ser cada vez menos temidas
difícil
para quienes creer que el miedo es accidente
comprender perplejidad de poetarzan
mí escribirles
“la dicha de leer no aprenderla dicha en los libros”
mí pensar
“la escritura muda cuando la lectura dicha
la lectura dicha cuando la escritura muda”
todo lo que mí escribir sonar extraño a poetarzan
ajeno y propio como verdad
como verdor
El gran derrapador
los tres pajaritos subidos sobre un alambre
decían “tu amor, tu amor”
o quizás “tu est mort”
el de la izquierda sosteniendo unas hierbas en el pico
el del centro diciendo éste es el alambre de la verdad
el de la derecha preguntando qué pasa cuando el alambre
termina
pensé que eran los tres chiflados
y también la santísima trinidad
el padre y el hijo chiflados y el espíritu chiflado
riéndose a coro del gran derrapador
en el nido la madre es lo único cierto
entonces el hijo no existe,
o el hijo es lo único cierto
entonces la madre se disuelve en
la certeza inalcanzable
la corteza, el barro, las ramitas
se disuelven tras el temporal
el poema se incompleta
si la muerte es femenina y la vida neutra ¿la nada es
Eva, el poema, no tuvo madre ¿la borro
o el nido no es un nido,
o nunca vi los ojos de una madre,
siempre cerré las ventanas a esa comedia de enredos
derrapo
derrapo
derrapo
derrap
nido nivenido
en el lugar no hay nadie
los autos frenan y miran
se deslumbran
la muerte
la mujer desnuda que llama la atención
chocando
maneja la penúltima palabra
distrae y pierde
la poesía es el monólogo
la negación del entredós
o la poesía es el alambre
la exigencia de tránsito
o el monolagambre
un nido vacío
una hembra con
un hombre sin identidad
cuyo movimiento
da la identidad
las banderas flamean al viento decorado
flap flap flap
cualesquiera sean sus colores
son el verano verdadero:
llevan como última palabra
en el ángulo superior izquierdo
la cosa del acoso
una hoz y una ruleta
la definición diabólica dice
derrapar es quitar la rapa y la rapa es
el delirio burgués sobre las manzanas podridas del gran
derrapador
el infierno es lo contrario del fierno y el fierno es
el sueño de todas las banderas con la eternidad del despertar
la arena es la negación de la rena y la rena es
ese mamífero lumpen que nunca llegará a existir
más acá de los delirios y los sueños
cuando se muere a la evidencia de que no se muere
¡zas! se renace a la condena del instante
el hermano fue herido por mi mano
la mano que corté y es ahora de ella
cortésmente le digo: es el mundo, no nosotros
el que está puesto patas para arriba
¿puede ser de otra manera?
mi hijo me abandonó para mirarme
sentado patas para arriba
de allá lejos
me abandonó porque tuvo miedo
¿significa que yo lo abandoné?
leo
por qué lo abandoné
o
por qué me abandonaste, por qué me abandonaste
derrapo
derrapo
recuerdo la anécdota:
porque me abandonaste
puse un bandoneón sobre la barra
para no tocarlo
un amuleto
para no tacharlo
me hice mula
escuché los murmullos y grité ¡no, no, no!
la pregunta de San Pedro:
¿cómo se le dice a un poro pequeño?
¿y a uno más pequeño todavía?
¿hay algo más pequeño que un poro más
pequeño todavía?
y dije que no había, que no,
y sonriendo
debí taparme la boca:
había contraído la deuda
había negado la ínfima infinitud
embisto
reboto
contestando a la pregunta trinitaria:
hace mucho que estoy muerto
salgo
los tres pajaritos sobre el alambre:
fiu: volaron:
no hay eternidad:
hay accidente:
un rezo y una orden:
si nada se cumple todo se cumple
¿cumplimos?
dije no, que no había que, que
la coincidencia
es decir, que no
y dije no, no, no
dije: no
Sonlisas
Las sonrisas
cuando las personas no están
son lisas.
Hay algo chino en todo esto.
Algo miserioso.
Las obras
cuando las personas no están
son horas
van
a otro mundo
que es éste
pero no está aquí.
Esta no es mi obra ni mi hora.
Una institución ajena
funciona con el mismo nombre
en el mismo edificio.
Llamo al ascensor.
Veo tu sonrisa
ahora que no estás
tu lisura
mirando un edificio en obra.
Miro la hora
y veo algo chino en todo esto
algo miserioso.
El ruiseñor de Onitsura
sobre
un haiku de Onitsura
El ruiseñor del poema de Onitsura
parado en una rama
hace caca en vez de cantar.
Lo que cae del árbol como una música de la traición
y la mirada
de lo que cae, como la música de la tradición
recuerdan lo que no cae
o intenta una caída horizontal:
la pareja impareja:
en silencio
la naturaleza y el arte se persiguen
y se cruzan, precisan uno del otro:
las deyecciones buscan el piso para completar su caída
el piso necesita de la caída para poblarse.
Cae el poema de Onitsura desde la corta rama
de la poesía y al chocar contra el piso
de la lectura rebota;
alguien designado por nadie
recorre con la vista signos;
la naturaleza no es un arte escondido
es un escenario; su disfraz, no disfrazarse
pasivamente quiere mostrar
que el arte más que realidad es elección:
el vuelo de las aves asumiendo que el poniente
es un lugar de reposo lleva a la máxima actividad
la insistencia del que talla
seguro de que el horror sin él se desencadenaría
hace de sus esquirlas piedras preciosas.
El horror se disuelve en la risa
el cansancio de la risa devuelve el horror
Ella la mujer que no puedo amar
pasa bajo la rama leyendo un poema
y recibe el don del ave;
la pequeña mancha blanca cubre una letra;
donde decía «amor» dice «amo»;
Ruiz, Señor de Onitsura, grita el loro:
alguien pasa, alguien posa
alguien escucha un silbido y mira
es él
ahora
el ave metálica bombardea los huertos
es un a-ve
riega una lluvia que no moja lo sembrado
el que la ve no la avé
grita que sabe o que es ave
para que el piloto lave lave todo el tiempo
un polvo interminable
tras la risa y el horror está el colaboracionismo
los amantes deciden terminar
tercamente minar
todo posible aterrizaje
y donde se leía «un poblado» se lee «destrucción»
y donde se lee «destrucción» se leerá
«limpieza»
[ahora]
el espacio traza el contorno de las aves
permite el vuelo, la lectura
ojos que bombardean manchas blancas que dicen
[ ]
el vacío soñará el sentido del sueño
y
el sueño vaciará el sentido del vacío
O los adentros de una
o herida donde las aves picotean
(También las esquirlas tallan la forma del mundo
y donde había desesperación hay desesperación
y donde no se leía ahora se lee:)
la palabra sagrada:
primero no hay luz
después empieza la oscuridad
el gusano asoma la cabeza para cantar al ave
y mira hacia el horizonte:
dame muerte
suuuu, suuuu, ciii
el ave acude al llamado
esto es el arte
transformaciones en el etcétera
lo que vuelve al ave terrestre
al gusano un ave
y a lo que separa
piso de qué, techo de qué
borla, medronio
las aves negras revolotean en la distancia
señalan
¿con qué?
por aquí (ala derecha) los errores del mundo
por allí (ala izquierda)
el cruce imposible de la naturaleza y la historia
el cruce posible mediado por el arte
esta cruz que perdió la e
un breve papel en la escena:
lo que toca sin ser deseado:
el loro y el ruiseñor abren el telón y desaparecen
Atención atención a los papeles breves
Un bebé que ve el futuro
quiere marchar a su encuentro
Atención atención a las imposibilidades
Se cierra el telón.
Vaticinen vaticanos
desde la platea
ustedes cuya voz es la voz del Autor
observen el vuelo de las aves
descifren sus vísceras
aplaudan
La vida querrá convencer al arte
sobre la enorme la importancia del poema
blablablá
y el arte no cr
El telón baja
los asistentes quitan el árbol
llevan los pájaros al depósito
juntan las manchas blancas en una bolsa
la gente se dispersa
Onitsura, mi despedida:
tu ruiseñor
¿existe?
¿canta?
¿es un ruiseñor?
que refuerce con sus arrojos el azar
¿prueba alguna ingenuidad?
que despeje cierta lógica de redención
¿nos redime?
¿pone en escena una obra
donde el arte es un detritus de la naturaleza
y la naturaleza una muestra colectiva de arte?
mmira
el verso es cucha:
desde cierta rama las palabras del loro
son tan azarosas como las del mesías
mmmira
el verso es criba:
poéticamente ninguna hez de ruiseñor
es más importante que su canto o viceversa
avecucha! qué qué qué qué qué
el ruiseñor de Onitsura dice
(cantando (se supone) erróneamente)
que el mamífero que escribe
vuela sometido a su ley
Balada de la oveja fuera del rebaño
El final del affair siempre es su muerte
y el principio es .
Decir «sucedió» antes de haber aprendido
cuál es el papel
cómo ejecutarlo, ensayo, estreno y despedida
sin quitarse siquiera el sombrero.
¡Hola, irreparable!
Esta es la escuela, ése su ceder.
El ojo descubre que no puede observar lo que mira,
el oído quiere escuchar el aliento de otro
y escucha el del que está. Horror es una palabra
con demasiado pocas letras que significa broma.
A los que están cerca mío ¡salud! Se los
desea el entrehombre.
A los que están tan tan lejos, buen provecho.
(Y ella está al lado. Proceder.)
Dedo a dedo, ahora
la copa de la campana es un tajo
y la mano un proyectil.
Algo repica
tirando de la soga
y el proyectil rasca.
Los dedos quedan húmedos.
Inclinado en el sillón donde tantos y tantos la montaron
el cuerpo pide un desplazamiento hacia la excepción
tomarla prestada por detrás
sobre
la manta de flores.
Se respira la música del horror,
su cederá. Se oye una respuesta inquisitiva.
¿Quién suena? ¿Quién sueña
a quién? ¿Cuántos?
Comparar a un hombre valiente con un león.
Comparar a una mujer de manto encendido con la aurora.
Desabotonar la blusa, desabotonar la bragueta
permitir que dos paisajes inconexos se entremezclen.
Siempre uno es el cuerpo del horror, el otro
el cuerpo de la broma. Siempre repica la campana
y no se sabe cuál es cuál, quién es qué.
El lenguaje humano tiene 100.000 años
la literatura 10.000
el poema de amor es todavía nonato.
El mapa de las relaciones incluye
todos los continentes
ninguno de los contenidos.
Quienes estamos adentro tuyo
sin hermanarnos
estamos afuera del mapa
cuyas formas indican movimientos
sucesiones discontinuas
accidentes
tu cuerpo y mi cuerpo
lo tuyo y lo mío indistinguibles.
Que detrás de la playa está ésta
y detrás de la montaña la otra
cuál, cuál
suena la campana:
la playa y la montaña se hacen una
y el monstruo de la superposición
desintegra los engranajes.
La máquina amorosa, morosa, nunca funcionó
tiene la incertidumre de una letra menos
pero en un esfuerzo final, estruendoso
los cuerpos habitados saludan el alba
con sus particulares modos:
consultando los libros
el uno pasa a estar adjetivado
cerrando los libros
aun los adjetivos más bellos son insultos:
el otro empieza a ser una persona
y bala el amor al desamor.
La isla del Caribe
el tronco
las ramas
los vástagos
eso que los corroe
ciriápodos culeiformes cuyo rostro ampliado ochenta veces
es más aterrador que el de las moscas
eso, los insectos ahora dejan de comer y se aparean
el ciriápodo macho sobre la hembra le dice
«cositas» al oído
«mamita cómo me hacés calentar»
«pero papito qué tú dices»
en la isla del caribe donde un dictador (para algunos)
es un salvador (para otros)
él deja a un lado las armas para montarla
la escena no permite ver qué o quién es ella pero
el verso
elige que sea su dictadora
ahora el salvador desde arriba dice
algo que no se escucha
ella responde con una palabra terminada en icia y otra en tad
la conversación sube de tono, discuten
el verso decide que la dictadora sea un ciriápodo culeiforme
ella aprovecha y le recrimina sus esterilidades, sus
que algunos de sus hijos hayan muerto por
que otros no hayan muerto y sin embargo
que muchos estén vivos para
que su vocación se decirse olmo y sólo ofrecer
peros
él responde con los argumentos de la ley
las peripecias dialécticas del éxito y el fracaso
los infalibles datos de la economía
el entramado de la historia
la rígida necesidad
palabras
su puño da un golpe contra la pared
los insectos asustados vuelan hacia otro árbol
el poema sentencia ahora que ella podría ser la patria
el día es plomizo
las cortinas están corridas
los amantes se callaron
la ventana no deja ver
la escena
si es amor o es costumbre o es instinto;
muestra:
el tronco
las ramas
los vástagos
el movimiento que los corroe
Pescando
sentados
uno al lado del otro
pensando
quién de los dos es el otro
pescando
pensando
si alguno pescará a alguno
acordamos que pensar es pescar
las olas del río
no hacen espuma
y la mente
pasan nubes
errantes
inscriben formas
que cambian
las ideas
a ambos lados muchos pescan
cadáveres
pocos piensan
vivazmente
los ahogados preguntan
qué es la vida
acordamos que pescar es pensar
los peces muerden el anzuelo
y mueren
las ideas sueltan la carnada
y mienten
nosotros somos
y nos ahogamos
sólo se pescan a sí mismos
los que están en su propio cielo
sobre el hambre de los peces
y el hambre de los hombres
decidimos hacer las paces
sentados junto al río
uno junto al otro
pescando y pensando y saciando
el ímpetu de la corriente
mientras la mente
todos pescan
nadie puede hacerlo
el agua corre detenida
los ellos que éramos erramos
los nosotros que piensan tropiezan
al preguntarle sobre el hogo
a los ahogados
al preguntarle a los ahogados
sobre el hogo
en la orilla de este mundo
sentados uno junto al otro
los vivos piensan
ahogados
el ahogo piensa
a los vivos
muchos desean
bastantes imaginan
pocos quieren
algunos tratan
todos pescan
arriba
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