:: Malabia :: arte, cultura y sociedad | Barcelona, Montevideo, La Plata
Guillermo Pérez Raventós
Contextos para la creación.
Dios. [*]
Si se nos despoja del derecho a la construcción de nuestro futuro se nos quita el derecho a la existencia misma, pues es incomprensible la idea de vivir como idiotas útiles a una construcción en donde nadie tiene nada que hacer concientemente y si no lo fuéramos, consistentemente al borrarse la idea de futuro o peor la de construcción social, colectiva.
El enroque de creencias y adoraciones místicas, confirman que atravesamos tiempos oscuros y medievales. La muerte de Dios como tantos otros paradigmas modernos ha quedado sepultada, otra vez se ha concretado un nuevo emplazamiento religioso.
Vivimos todos, quienes más o menos concientes, una resistencia a lo que no es natural, impuesta. Vale decir sin construcciones colectivas. El montaje del escenario escapa a las dimensiones humanas. DADA. La realidad en tanto condición síquica es incoherente a estándares del hombre común, lo excede. Nunca sufrimos mayor esclavitud que ahora.
Por que hemos de pensar que el arte y el pensamiento en líneas generales escapan a las condiciones que imperan en todos los órdenes. La industria de la cultura tiene que llenar los agujeros que produce la adopción de la nueva religión, pero como toda industria que genera bienes de consumo debe reemplazar y generar nuevas necesidades a diario
Lo que algunos veían hace algunos años como una oportunidad única, la utopía de que Internet podía convertirse en una red abierta y democrática, ya está demostrando que puede ser absorbida para acelerar el proceso de consumo y la acumulación de la información en el mismo orden que se produce con cualquier otro medio de comunicación. Tal vez potenciado a niveles que comenzamos a conocer. Es decir, se impone nuevamente un mecanismo de control.
Es triste comprobar que como en el medioevo Dios está ahora en todas partes. Si no entendemos, que sí se considera todo como negociable, no comprenderemos la magnitud religiosa que impera, ni el poder corruptor en nuestra calidad de vida.
Sin embargo, estos procesos van dejando baldíos aprovechables que junto a la construcción de redes de cooperación, van configurando un mapa de resistencia.
[…] “Si hemos sobrevivido a los efectos del *mito del creador*, entendido como genio único e irrepetible, es quizá por la aparición de los tejidos en red, que vienen generando entornos colaborativos de co-rrespondencia global, desde la diversidad cultural, social, política y económica.” […]
[…] “A partir de las propuestas que nacieron con el dadaísmo, se desarrollaron con el grupo fluxus y se expandieron con el mailart (artecorreo en Argentina), se abrieron bocas de salida insospechadas y se quebraron los marcos propuestos por galerías y museos de *arte oficial*” […] [1]
Nuevos aportes vendrán con la poesía concreta, las intervenciones urbanas, la performance, y el net-art.
Entonces reconocer e investigar los antecedentes, las fronteras y en muchos casos establecer puentes en la historia, ya que existen períodos de fuertes silenciamientos, se hace imprescindible para reconocernos nuevamente en el arte. Pues de ahí nacen los signos visibles de que existe, no un arte grandilocuente del espectáculo, si no una construcción colectiva de nuevos significados para el hombre.
Creo que:
1.
El espacio o baldío cuando aparece puede ser aprovechado pero en la medida que se hace visible, es silenciado y prontamente llenado por el orden. Es decir, la acción es temporal y escasa. Algunas veces mimética y pronto debe moverse a otro espacio.
2.
Se presenta entonces esporádicamente, responde a una mecánica de acumulación de energías que se desbordan cuando se produce el resquicio.
3.
Debe dejar una experiencia que pueda capitalizarse socialmente para futuras creaciones. Es decir debe comunicarse e interactuarse en un trabajo de redes alternativas.
¿Hollywood, es el paraíso?
Al haber privatizado nuestra libertad por tan baja calidad de vida resulta natural una reacción y que la situación en el arte como en el mundo tienda a polarizarse.
Cada día más artistas, están usando sus propios canales de circulación y validación de la obra, volcando su creación a producir cambios en contextos diversos. La característica que une e identifica las nuevas formas de producción artísticas, se centra en la misión del creador en contraposición con las formas exteriores, resabio de una vetusta apreciación de lo bello sólo para entretenimiento de una masa poco crítica.
El corrimiento de la galería al baldío es evidente y necesario. Las redes se multiplican y el concepto de arte y artista ha cambiado radicalmente al producirse una situación irreversible en la idea de la pretendida autonomía de las artes. La valoración de las producciones artísticas ya no anclan en los mismos conceptos individualistas que años atrás.
[…] “La estética modernista, preocupada por sí misma como principal fuente de valor, no ha inspirado la participación creativa; en cambio ha impulsado el distanciamiento y depreciación del Otro. Su orientación arelacional, no-interactiva y antiparticipativa no se acomodó fácilmente a los valores más femeninos de cuidado y compasión, de visión y respuesta a la necesidad. La noción de poder que está implícita en afirmar la individualidad y en hacer lo propio a través de la invulnerabilidad lleva, finalmente a la muerte de la empatía. El modelo del artista como un genio solitario luchando contra la sociedad no nos permite colocar el foco sobre el rol beneficioso y componedor de la interacción social, ni se acerca a lo que el filósofo David Michael Levin denomina ‘audición instructiva’, una audición que está orientada al logro de comprensiones compartidas.” […] [2]
Conjuntamente con la necesidad de replantear lo que ya no puede aceptarse como autonomía, no sólo de las artes sino de muchas otras áreas del conocimiento, se presenta el problema de la representación. […] “No existen «obras de arte». Existen un trabajo y unas prácticas que podemos denominar artísticas. Tienen que ver con la producción significante, afectiva y cultural, y juegan papeles específicos en relación a los sujetos de experiencia. Pero no tienen que ver con la producción de objetos particulares, sino únicamente con la impulsión pública de ciertos efectos circulatorios: efectos de significado, efectos simbólicos, efectos intensivos, afectivos …” […] [3]
Entonces cambiar los paradigmas de belleza, de la extravagancia a la inmersión, nos abre nuevamente la posibilidad de una construcción en donde todos tienen algo que hacer concientemente y consistentemente en la construcción social, colectiva del mundo.
[…] “El paso de la productividad a la convivencialidad es el paso de la repetición de la falta a la espontaneidad del don. La relación industrial es reflejo condicionado, una respuesta estereotipada del individuo a los mensajes emitidos por otro usuario a quien jamás conocerá a no ser por un medio artificial que jamás comprenderá. La relación convivencial, en cambio siempre nueva, es acción de personas que participan en la creación de la vida social.” […] [4]
De lo que ilustra a lo que devela a lo que construye, que pasaría a ser el uso de estrategias de interfaz que tiendan a modificar y poner en evidencia contextos opresivos. El interés entonces reside en la acción que conversa pero por sobre todo la que aprovecha el baldío pues es conciente de sí misma, de su inserción y misión. No se trata tanto de generar nuevos escenarios sino de intervenir en el escenario por antonomasia, lo que denominamos realidad.
[*] N. de A.: Nombre sagrado del ser supremo [1] Graciela Gutiérrez Marx. LA CREACION COLECTIVA. [2] Suzi Gablik. ESTETICA CONECTIVA: EL ARTE DESPUES DEL INDIVUALISMO. [3] La Société Anonyme. REDEFINICIÓN DE LAS PRÁCTICAS ARTÍSTICAS. [4] Ivan Illich. LA CONVIVENCIALIDAD.
"sin título" 2006 (detalle). Látex, óleo y toner s/ tela.
"antropofagia" 2005
"sin título" 2006 (detalle). Látex, óleo y toner s/ tela.